AGENDA CULTURAL PROVINCIA DE CUENCA

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EL JARDÍN DE LOS POETAS, MECA DE LA LÍRICA CONQUENSE

 

Por Oscar Martínez Pérez.
  El ocho de septiembre del año 1956 el jardín de San Gil, y más concretamente en el atrio de la iglesia de San Gil, sirvió de escenario para homenajear al gran polígrafo y cervantólogo conquense Astrana Marín. Las autoridades conquenses de la época - Moya y sobre todo Florencio Cañas- con este hecho daban inicio a lo que se ha considerado como un “Vesubio literario” como una Meca de la lírica conquense…
El homenaje a Astrana Marín consiguió como relató Florencio Martínez Ruiz en un artículo titulado “El Jardín de los Poetas sigue esperando el milagro de la primavera” dos cosas, inaugurar una vía segura a la transcendencia cultural de Cuenca y además rescatar y desagraviar de un modo elegante por indirecto, al insigne literato Luis Astrana Marín. El homenaje al villaescusero fue largamente recordado por los diferentes cronistas y escritores de la época, entre ellos Federico Muelas que pudo comprobar como Astrana Marín se reconciliaba con la ingrata Cuenca, hecho que –como relata FMR- abriría las puertas, al autor de “Cuenca en Volandas”, del importante premio poético Lazarragoiti.
Después de aquella noche en la que se cerraron tantos años de incomprensión hacia uno de los grandes conquenses de la historia, el Jardín de San Gil no arrancó con todas las esperanzas  que los poetas vislumbraron en el proyecto del fundador del “Jardín de los Poetas”, Florencio Cañas, en el que habría proyectos sofisticados como una “celda del viajero”, que Gerardo Diego debería haber ocupado, o una biblioteca, ni siquiera esa “Meca” para los poetas provinciales. La soledad y el abandono se encostraron el los muros y la palmera del jardín y hasta los años noventa no volvió, de la mano de los vecinos del barrio y de la asociación que los cobijaba, capitaneada por Elisa Lumbreras a retomar la celebración de las Fiestas en honor al patrón y el solsticio de verano con infinidad de acciones ciudadanas y culturales…
En los años noventa Florencio Martínez Ruiz escribió en el “Cultural” de “El Día de Cuenca” una serie de crónicas y artículos sobre la historia del Jardín. En uno de ellos, reclamaba el nombre de “El Jardín de Julio Arturo” sin mengua de los ya utilizados para el poeta Julio Arturo Valero Solana -el Corazzini español de su época-, Martínez Ruiz pensaba que el joven poeta cumplió con “el rito de los elegidos que mueren jóvenes” y “que vino a ser como el chivo expiatorio de la ciudad de Cuenca, levítica y cerrada, donde el ángel exterminador se guardó la espada al encontrar un hombre justo”.
En el año 2007, durante unos trabajos para reforzar los muros del recinto se descubrieron vestigios de la antigua iglesia de San Gil, del siglo  XV, lo que llevó de nuevo al silencio al jardín que en estos pasados días  ha vuelto a ser abierto para uso y disfrute de los vecinos del Casco Antiguo, que pese a alguna errata y polémica estética, vuelven a tener este emblemático espacio, en el que además de poder realizar actividades sociales, asistenciales o cívicas podrán reencontrarse con la celebración de la poesía…

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