AGENDA CULTURAL PROVINCIA DE CUENCA

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"BELMONTE Y SU CASTILLO VISITADO POR PRÓSPERO MÉRIMÉE"

Publicado en la revista “Contrebia” nº1

El francés Prosper Mérimée (1803-1870) fue un viajero impenitente por la Piel de Toro, que recorrió en numerosas ocasiones y le sirvió de fuente de inspiración para una parte importante de su obra literaria: Carmen, Las ánimas del purgatorio, La perla de Toledo, El teatro de Clara Gazul…
Por las tierras de Cuenca también estuvo este enamorado de España, y a través de sus cartas podemos rastrear su paso por Belmonte, la villa de la Mancha conquense que atesoraba (y atesora) el magnífico castillo-palacio de los Pacheco.Mérimée realizó siete viajes por España, que se plasmaron en un libro en el que recopiló una serie de cartas, en las que el galo describía con “pelos y señales” todo lo que veía y hacía. En una de sus cartas, la que dirigió a Fanny Lagden, ama de llaves y quizás también su amante, le relata cómo se fue a la Mancha conquense a conocer la fortaleza de su amiga Eugenia de Montijo, que la emperatriz de los franceses había mandado restaurar al prestigioso arquitecto español Alejandro Sureda. Prospero salió en el ferrocarril de Alicante hacia la Mancha, llegó a Quintanar en Toledo y de allí a través de lo que le pareció una extraña galera que tiraban varias recuas de mulas, y pasando por el pueblo conquense de los Hinojosos, llegó a Belmonte.
En la villa frayluisiana, fue recibido con mucho entusiasmo por unas religiosas de un convento, que le agasajaron con dulces de todo tipo, pero que no sirvieron para paliar el enorme frio que hacía en las salas y habitaciones del convento de monjas. Mérimée rubrica este hecho, “sólo había un pequeño brasero en toda la casa y no se veía ni una sola chimenea, excepto en el viejo castillo, que únicamente podría hacerse habitable gastando tres o cuatro millones. La segunda noche que estuve allí tuve un ataque de espasmos muy dolorosos y después un gran catarro. Volvimos ayer después de una ausencia de cinco días, y todos derrengados”.
La española emperatriz de los franceses, se gastó en la restauración de su castillo un millón y medio, bastante menos de lo que el francés había calculado para tan magnifica fortaleza. Eugenia de Montijo le contó por carta a la sobrina de Napoleón, Matilde Bonaparte, como había sido su excursión belmonteña, refiriéndole que era tan llano el paisaje de la Mancha conquense que parecía un mar; además de sorprenderse ante la escasez de árboles en la comarca, apuntando que el vecino más anciano de Belmonte,  recordaba que hubo un árbol en el antiguo camino a Tomelloso.”
El autor de Carmen, relató en varias misivas más y de forma muy parecida su experiencia belmonteña; en concreto en su correspondencia con Valentine Delessert y a la señora de Rochejanquelein, a quienes resumió su estancia en aquellas tierras, como un viaje a la Edad Media, en la que comió más de treinta y cinco variedades de pasteles y mermeladas elaboradas por las monjitas protegidas de la Condesa.
Publicado en la revista “Contrebia” nº1
 
Oscar Martínez Pérez
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